
Las alas de un ave como almohada, una satisfecha, lanzada con destreza a cortar de nuevo el aire, con un aletear amable, rítmico, musical. Soñar es transportarnos, casi siempre para volver aunque no queramos. Ciertos tonos golpean en el pecho, otros taladran el cerebro, la mayoría no produce ningún efecto, y los que se nos acomodan a nuestra sintonía produciendo ese maravilloso vibrato interno, pues no hacen mas (ni menos) que hacernos soñar, aún despiertos. Viva la música del alma!. Vivan los músicos de alma!.
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