
El amor tiene su propia impronta ingenieril: por ejemplo, en ella uno mas uno es uno, un uno que es la base. El promedio de las felicidades dá la felicidad resultante que a su vez es la materia prima del impulso entusiasta, el que nos lleva a superar la base, a edificar por sobre ella. Los cimientos apenas se ven (si se ven) pero vaya si son importantes. Del cuidado en su disposición, de las dimensiones, calidad y características de los componentes depende su firmeza. Lo de arriba, lo que si se vé, tiene los días contados si la base no sirve. De todos modos esa no es una excusa para no ponerle arte, para no hacerlo bello, lo mejor que nos salga de la combinación de sensatez y sentimiento, y, si además la base es firme, que arrecie el meteoro!. El miedo no se asoma donde hay progreso.
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